Por Ricardo Ochoa alburqueque / Bogotá
Existen
muchos argumentos en contra respecto a la participación de ciudadanos
cristianos en la política. Considero, desde mi posición conservadora y
fundamentalista, que aquellos que están llamados a participar en política
públicas son los lideres (no pastores, no evangelistas u otra autoridad
eclesiástica* publica), ya que hay algo que se llama voluntad política, que en
otros términos, es todo aquello que hace el que ejerce el poder, para
transformar una intención colectiva en acción de gobierno, con la finalidad de
mantener, e incrementar (su cuota de poder), lo cual relativiza en no pocos
casos la justicia. Tal es el caso de la meritocracia que es actuar con
justicia, y no con favoritismo político, que es lo más frecuente en las
sociedades occidentales.



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