La publicación aborda tópicos como el llamado a la responsabilidad del ciudadano cristiano, la característica de la autoridad con respecto a la ética y el servicio, el propósito del gobierno según la Palabra de Dios, la tarea de discernir la oferta electoral, el compromiso del cristiano en el servicio y su testimonio, y la esperanza en Dios en la expectativa social y política.
Sin
embargo, algunos creyentes sienten que deben escoger entre su fe y su
responsabilidad cívica, aunque la Biblia muestra que Dios es el Señor de la
historia y nos llama a honrarle también en la vida pública.
El
material nace de esa convicción y busca ofrecer una guía bíblica clara y
práctica sobre la responsabilidad social del cristiano para que sepa cuál es el
carácter que Dios demanda de los gobernantes y el propósito divino del
gobierno. Además, enseña cómo discernir la información y participar con
sabiduría en la vida social.
Más
que indicar por quién votar, procura formar una conciencia cristiana que piense
con claridad y responsabilidad, actuando con integridad para mantener su
esperanza en Cristo, el Rey Eterno.
Ser
ciudadano en el sentido más amplio de la palabra es un privilegio, pero para el
cristiano, es también un llamado. No basta con habitar en una nación o cumplir
obligaciones mínimas, sino quienes han sido redimidos por Cristo y pertenecen a
un reino eterno deben reflejar el carácter del Rey en su vida pública. La fe
transforma no sólo el corazón, sino también la manera en que servimos,
participamos y vivimos dentro de la sociedad.
Al
referirse sobre la influencia social, la Biblia dice en Mateo 5:13-16:
“Ustedes
son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo volverá a ser
salada? Ya no servirá para nada, sino para ser arrojada a la calle y pisoteada
por la gente.
Ustedes
son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cajón, sino sobre el
candelero, para que alumbre a todos los que están en casa.
De
la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos
vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.
Sobre
la ética y el servicio deben estar en la vida del gobernante. Muchos desean
liderar y se escuchan diversas propuestas en época electoral, pero pocos
comprenden que el liderazgo verdadero empieza con el carácter, porque de lo que
trata es influenciar en la vida pública.
El
poder revela el corazón y la autoridad no es conquista humana sino un encargo
divino que requiere integridad, justicia y temor del Señor.
La
Biblia dice en Éxodo 18:21: “Además, escoge de entre el pueblo algunos
hombres respetables y temerosos de Dios, confiables y nada ambiciosos, y ponlos
al frente de grupos de mil, cien, cincuenta y diez personas.”
PROPÓSITO
Sobre
el propósito del gobierno según la Palabra de Dios (Biblia), la autoridad
existe porque Dios la estableció desde el principio. El gobierno es una
delegación divina diseñada para servir y administrar justicia. Cuando esta visión
se distorsiona la política se vuelve un juego de intereses, pero cuando se
recupera, la autoridad se convierte en un acto de mayordomía ante Dios.
En
Deuteronomio 1:15-17 al referirse al bien y mal, el texto bíblico dice:
“Ese
día les ordené a sus jueces: Presten atención a sus hermanos. Sean justos con
cada uno de ellos, y con los extranjeros. Al dictar sentencia, no hagan
distinción de personas, sino que deben atender lo mismo al débil que al
poderoso. No tengan miedo de nadie, porque el juicio es de Dios. Si se les
presenta un caso difícil, pásenmelo a mí, y yo lo atenderé.
La
principal tarea en la agenda del cristiano es discernir la oferta electoral.
Vivimos rodeados de todo tipo de información, pero con poco discernimiento.
Todo mensaje busca moldear nuestra percepción apelando más al sentimiento que a
la razón. El creyente debe pensar y filtrar todo a la luz de la Palabra,
reflexionando en todo aquello que favorece a las mayorías y de acuerdo con el
propósito divino. El bienestar social debe primar en las diversas propuestas
electorales y evitar favorecer a los grupos de poder económico y político.
Santiago
3:13-18 dice literalmente: “¿Quién de ustedes es sabio y entendido?
Demuéstrelo con su buena conducta, y por medio de actos realizados con la
humildad propia de la sabiduría. Pero si ustedes abrigan en su corazón
amargura, envidia y rivalidad, no tienen de qué presumir y están falseando la
verdad. Esta clase de sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino que es
terrenal, estrictamente humana, y diabólica.
Pues
donde hay envidias y rivalidades, allí hay confusión y toda clase de mal.
Pero
la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura, y además pacífica,
amable, benigna, llena de compasión y de buenos frutos, ecuánime y genuina.
Y
el fruto de la justicia se siembra en paz para los que trabajan por la paz.”
COMPROMISO
El
cristiano debe estar comprometido con el servicio y cuidar su testimonio. El
creyente no vive como espectador, sino más bien, como miembro activo en la obra
de Dios. Tanto en la vida diaria como en la familia, trabajo y comunidad, el
cristiano puede mostrar el carácter de Cristo en los diversos escenarios donde
interactúa.
1
Pedro 2:12 nos habla del testimonio público. “Mantengan una buena conducta
entre los no creyentes para que, aunque los acusen de malhechores, al ver las
buenas obras de ustedes glorifiquen a Dios el día que él nos visite.”
ESPERANZA
Hay
expectativa social y política, pero también esperanza en Dios. El creyente
participa de la vida nacional pero su esperanza no se apoya en las propuestas
de los partidos o movimientos políticos, menos en los programas gubernamentales
vigentes. Tampoco en las encuestas, ni en la información que brindan las redes
sociales, sino más bien, en Dios. Mientras la sociedad cambia constantemente,
el cristiano vive anclado en la fidelidad del Señor.
La
Biblia nos habla de una dependencia en Dios en 2 Crónicas 7:14 que dice: “Si
mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre, se humilla y ora, y busca mi
rostro, y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde los cielos,
perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.
CONCLUSIÓNES
El
estado de un país es el reflejo del corazón de su pueblo, y ninguna nación
puede experimentar una verdadera restauración si el pueblo la evita, no
volviendo su mirada a Dios. Todo lo que el hombre siembra ahora, cosechará
después.
El
problema de nuestro tiempo, que se manifiesta en crisis de diversos tipos,
tiene su origen en lo espiritual. Sin transformación del corazón, ningún cambio
externo perdura; por ello, el cristiano debe vivir en una doble fidelidad.
Primero, obedeciendo las leyes humanas y, segundo, honrando la ley divina.
Sabemos que la salud de nuestra nación vendrá cuando Dios transforme a los
ciudadanos que la habitamos. Nunca olvidemos que la raíz de todos los males
sociales, está presente en el corazón del ser humano. Cualquier sistema
político sería perfecto, si el hombre lo fuera.
Como
cristianos, sabemos que nuestra esperanza no está en discursos o programas,
sino en Dios quién gobierna desde un trono inmutable. Servimos, oramos,
discernimos y vivimos con integridad, confiando en que el Señor dirige la
historia.
“Y
cuando ciudadanos y gobernantes viven bajo el temor de Dios, Su nombre es
exaltado. Entonces resuena la bienaventuranza eterna: Dichosa la nación cuyo
Dios es el Señor, ¡el pueblo que él escogió como su propiedad!” Salmo 33:12.

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